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Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

25 diciembre 2010

Ruta Parque Natural Barranco del Río Dulce

Y ahora caminante que sueñas en vivir nuevas aventuras al encuentro de la naturaleza y conocer  otras ciudades, pueblos y caseríos, y conocer a sus gentes y sus costumbres, te brindo la oportunidad de enriquecer tus sentidos y vivir experiencias inolvidables, en lugares insospechadamente maravillosos que, posiblemente, no pudieras imaginar se encontraran no muy lejos de ti.

Abre la puerta de tu imaginación y busca la oportunidad que te pueda deparar vivir horas felices, disfrutando a pleno pulmón en una ruta turística por una  parte de la extensa provincia de Guadalajara, insólita, desconocida hasta no hace mucho, pero que una vez descubiertos sus encantos naturales apreciarás un mundo fantástico por la multiplicidad de sus paisajes, determinados particularmente por las cuencas de los ríos que por ella transcurren, que como arterías en el cuerpo humano, dan vida a flora y fauna infinita y configuran sus regiones naturales con una geografía atormentada de barrancos, gargantas y profundos desfiladeros.

A pocos minutos de salir de la capital ya te encuentras mesetas que se elevan suavemente, hasta alcanzar en la zona norte de la provincia, bordeando el Sistema Central, elevadas montañas de más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar. Así destacan los picos de Ocejón y El Cerrón, una vez atravesada la fértil campiña que riega el río Henares, si bien, la altura media de la región está en unos mil metros, y su secreto reside en la multitud de bellísimos valles de diversos tamaños, en los que transcurren ríos de serenas corrientes y sus afluentes, destacando el Tajo, que en su corta existencia riega tierras alcarreñas hasta crear con sus aguas los importantes pantanos de Entrepeñas y Bolarque; y el Henares, Tajuña, Gallo, Dulce, Mesa y Sorbe.

Estos valles, además de ricas tierras de cultivo, se encuentran tapizados de matorrales de tomillo y romero, espliego, salvia y cantueso, entre otras plantas aromáticas de las que sale la afamada miel de La Alcarria.

Después de esta ligera introducción para iniciar los diversos viajes que se pueden realizar turísticamente a través de mi provincia, hay uno por el que tengo especial predilección y lugar famoso que ya lo hiciera el tristemente desaparecido e inolvidable naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, ensalzando su riqueza paisajística, y sus valores geológicos, botánicos y faunísticos  en particular, quien eligió aquellos bellos parajes para filmar varios capítulos de la famosa serie El Hombre y la Tierra. Se trata del Parque Natural Barranco del río Dulce, cerca de la Ciudad Mitrada de Sigüenza.

Pretendo acompañaros en este viaje del que nunca desfalleces con nuevo intento, pero antes deseo sugerir, para disfrutar plenamente de la experiencia de este viaje, que dediquéis un fin de semana con alojamiento en alguna de las casas rurales existentes en Aragosa, pueblo desde el que iniciaremos la ruta  tranquilamente en las primeras horas de la mañana.

Así que partimos desde Madrid, ciudad donde resido, y con 75 minutos aproximadamente, a una velocidad prudente, superaríamos los 120 kilómetros de distancia para llegar al citado Parque Natural.

Tomaremos la autopista de peaje hasta Guadalajara y seguir por la autovía A2, o por resultar más económico, en el supuesto de escasa circulación, directamente por esta última hasta pasar la estación de servicio Venta de Almadrones en el kilómetro 103, desviándonos a la izquierda  en la salida 104 para tomar la C1101 dirección Sigüenza, que poco después de superar el pueblo de Mandayona, en unos minutos tomaríamos la desviación a la derecha que nos llevará a Aragosa, finalizando el viaje en coche, desde donde iniciaremos la marcha proyectada.

Este pueblo acogedor, inmerso en plena naturaleza, donde se respira  tranquilidad y sosiego tiene pocos habitantes, está protegido por enormes farallones donde anidan aves rapaces, y está acariciado por el río Dulce con abundante arboleda. Destaca como monumento principal su iglesia románica del siglo XII, dedicada a San Roque, su patrón.

De acuerdo con mi recomendación, una vez descansados del viaje con un seguro sueño reparador propiciado por la comodidad que atienden a los visitantes en las referidas casas rurales, y el silencio relajante del lugar, despertaremos con el dulce despertador del trinar de los pajarillos y del suave transcurrir de las aguas cercanas del río Dulce, y reparamos fuerzas con un buen desayuno para afrontar el largo paseo que nos espera.

Conviene tener en cuenta que el clima de la zona es de inviernos duros y veranos calurosos, por lo que se recomienda realizar la ruta, especialmente, en primavera y otoño e ir equipados con cómodo calzado y ropa deportiva.

Ya desde temprano, depende de las fechas que se realice la ruta por el Parque, empezaremos a ver sobre nuestras cabezas, en la altura cercana a los altos riscos, a los buitres leonados, alimoches, águilas reales y perdiceras, y otras rapaces protegidas planeando sobre el cielo cerca de sus nidos, que será otra de las delicias que empezaremos a observar, y que los tendremos como compañeros de viaje a lo largo del camino.
En plena ruta

La ruta, de unos 12 kilómetros, es considerada  de dificultad media-baja, que discurre por un terreno prácticamente llano. Solamente hay que destacar, que la parte que corresponde a la llamada Ruta de la Hoz de Pelegrina, en sus cuatro kilómetros finales, quizás la más espectacular, existe un desnivel de setenta metros de ascenso al referido pueblo, pues se trata del recorrido más abrupto del Parque. En aquella zona se puede observar la caseta donde se guardaba el material de filmación de Rodriguez de la Fuente.

Así pues caminaremos en un primer tramo del Parque hasta el  próximo pueblo de La Cabrera, distante a unos 7 kilómetros, rodeados de un paisaje difícil de olvidar, por la depresión del terreno, los bosques de chopos y álamos, fresnos y encinares, sabinares y enebros, y por su bellísimo cromatismo, especialmente en el otoño, además de las zonas de tomillares y espliego, y otras especies vegetales que sobreviven en ambientes de dura climatología. Siguiendo el curso del río de aguas cristalinas, existe una población de nutrias que se alimentan de la abundancia de truchas comunes, espectáculo que nos servirá de alivio relajante olvidando el posible cansancio de nuestra excursión.

Barranco del Gollorio
En los bosques cercanos existen corzos y jabalíes, pero es difícil poder verlos, porque se encuentran en las zonas más boscosas y de difícil accesibilidad. También podréis observar del barranco llamado del Gollorio, en su pared rocosa, donde se  forma una imponente y bella cascada, sobre todo si ha sido época de fuertes lluvias.
Así mismo podréis observar una antigua fábrica, con una alta chimenea, situada a orillas del río, que según dicen, fue la primera de España en fabricar el papel de moneda y timbre.
Después recuperaremos fuerzas en el citado pueblo de La Cabrera, de escasos habitantes, y que también goza de singular belleza en un paisaje espectacular, rodeado de praderas y de las apacibles aguas del pequeño río Dulce, que permanece impasible a nuestros pasos, pero que a través de los siglos ha labrado la singular hoz; seguiremos nuestro camino en el supuesto de tener ánimos para continuar hacia la meta final que está en Pelegrina,  a unos 5 kilómetros, pueblo situado en la loma de un cerro, de trazado medieval, desde el que se puede observar las magníficas vistas del Parque, distante de Sigüenza a unos 9 kilómetros, dominado por las ruinas de un castillo medieval situado en un alto roquero, fiel vigilante del valle en aquellas tierras frontera entre los reinos cristianos y los invasores musulmanes, desde finales del siglo XII, hasta que en 1710 fue destruido parcialmente en la guerra de Sucesión. Posteriormente reconstruido y  quedando en la ruina que actualmente se observa, con motivo de las guerras napoleónicas a principios del siglo XIX. Es libre el acceso para visitarlo.

Merece la pena visitar su iglesia románica del siglo XII. Y también, pero ya en coche, acercarnos hasta el mirador de Rodríguez de la Fuente, ascendiendo por la carretera dirección Sigüenza a tan solo dos kilómetros y medio, cuyas impresionantes vistas del Parque Natural permitirán completar un buen recuerdo fotográfico de aquellos extraordinarios parajes.

La ruta completa de 24 kilómetros, en su ida y vuelta, se podría dividir en dos tramos, esto es, el primero desde Aragosa hasta La Cabrera, y por la tarde, si las fuerzas responden ó al día siguiente, tomando el coche hasta el pueblo citado y desde allí caminar hasta Pelegrina finalizando el segundo tramo. También se puede realizar en bicicleta por la suavidad del terreno.

Por la cercanía de la ciudad del Doncel podríamos realizar visita en automóvil y conocer su monumental conjunto histórico, pero recomendaría hacerlo pausadamente, ya que Sigüenza bien se merece una visita, sosegadamente, en otra ocasión, aprovechando si es posible otro fin de semana, y para ello me encontrareis para orientaros, si así lo estimáis, con otra ruta que expondré en mi blog.

Saludos

Eugenio



Mapa de la ruta

08 diciembre 2010

Guadalajara

GUADALAJARA

¡Qué antigua es mi ciudad!

Se pierde su historia en la noche de los tiempos. Los primeros asentamientos parece ser que datan de la edad de bronce, y el primer asentamiento poblacional conocido se debe a los Cárpatos, pueblo dedicado a la agricultura,  que llegó a la península siglos antes de la Era Cristiana, pero sería sobre el siglo III d.C. cuando sitúan a los primeros pobladores organizados a orillas del río Tagonio, identificado posteriormente con el Henares, en poblados cercanos al Itineario Antonino, que unía con Roma las tierras dominadas en la Península  Ibérica.

Ayuntamiento de Guadalajara
A la actual Guadalajara se le aplicó el topónimo Arriaca de origen celtíbero en la Carpetania, antigua región hispánica, habitada por los pueblos celtas, nombre que le dieron los primeros pobladores, y que posteriormente la vieja Arriaca se fue despoblando acercándose a la vía Augusta al otro lado del río Henares, alzando su caserío en la loma donde hoy está situada.

De otros pueblos que también ocuparon la provincia romana de Hispania durante cerca de trescientos años, son escasos los indicios de la influencia en la capital de aquellos llamados bárbaros o germánicos del norte de Europa, hunos, suevos, vándalos y alanos, pero fueron los godos, más romanizados que los demás pueblos germanos los que, al mando de Alarico, después de saquear Roma, en el año 415 d.C. se establecieron creando los sucesivos reinados visigodos, que terminarían desapareciendo en el 711 por invasión y ocupación árabe en el reinado de Don Rodrigo, con motivo de la victoria musulmana, procedentes del norte de África, en la batalla de Guadalete, poniendo fin al reinado visigodo e inaugurando el periodo islámico en la Historia de España.

Quedan restos de la ciudad de Recópolis, cercana a la actual villa de Zorita de los Canes una de las dos ciudades fundadas por los godos en la Península, situada a orillas del río Tajo, en la comarca de La Alcarria y en la ruta de los pantanos de Bolarque, Entrepeñas y Buendía. Construida por Leovigildo en el año 578 en honor a su hijo Recaredo, como sede de éste en su condición de rey asociado.

No obstante los indicios más fehacientes de una ciudad amurallada y bien estructurada se remontan al siglo VIII, iniciando nueva etimología durante los tres siguientes siglos que estuvo bajo dominación árabe-andalusí. Fueron varias las denominaciones según circunstancias y personajes que ejercían su dominio en la región; una fue: Wad al Hayara,  con distintas interpretaciones, pero el principal era río de piedra o río sobre piedras. Menos mal que al final pasado el tiempo quedó el nombre que todos conocemos y  más bonito a mi parecer.

Bien es cierto que no podemos olvidar, porque los hechos así fueron y la historia lo corrobora, que siempre fue la península ibérica objeto de deseo, y que aquellas gentes estuvieron de “okupas”  durante siglos,  por lo que se entiende las más de cuatro mil palabras que nuestro idioma ha tomado especialmente del árabe, pero también hemos de reconocer el impresionante patrimonio artístico que recibimos, de magníficas construcciones que permanecen hasta nuestros días, de un valor incalculable; y la influencia de su arte, cultura  y  costumbres que han influido en generaciones posteriores.

De todo ello se deduce, que muchos fueron los pueblos que deseaban nuestras tierras y no era precisamente como ahora, pacíficamente para tomar el sol en nuestras playas peninsulares, admirar nuestros monumentos y cultura, y degustar las delicias de nuestra gastronomía. Sin olvidar tampoco que asimismo nuestro pueblo también ejerció el mismo afán humano de conquista en otros confines de la tierra.

Herencia de aquellos tiempos es el puente romano sobre el río Henares, que aún se mantiene sobre sus pilares, no obstante sucesivos desbordamientos. Restos del Alcazar que datan del siglo  IX y de la muralla medieval, y algunas puertas y torreones que protegían la ciudad. Pero destaca especialmente la concatedral de Santa María, construida sobre una mezquita de finales del siglo XIII, el Santuario de la Virgen de la Antigua, patrona de la ciudad, construido también en el siglo XIII y la iglesia de Santiago el Mayor del siglo XIV.

El dominio árabe de mi ciudad permaneció cerca de tres siglos, hasta que a finales del siglo XI fue incorporada al reino de Castilla en época de Alfonso VI, cuya conquista se debió a Alvar Fañez de Minaya, lugarteniente de El Cid, incorporando su figura en posición guerrera, sobre la silla de su caballo, en el escudo de la ciudad, circunstancia decidida por sus pobladores, en reconocimiento a su aguerrida valentía.

Palacio del Duque del Infantado
Durante el reinado de Alfonso X, con su protección, tuvo la ciudad importante desarrollo económico; pero fue en el Renacimiento cuando se asentaron nobles e hidalgos personajes, destacando las familias Mendoza y Guzmán. Especialmente fue la primera, que se estableció en Guadalajara en el siglo XIV, y a su cabeza el principal hacedor Pedro González de Mendoza, gran cardenal de España y consejero de los Reyes Católicos, que actuó como destacado impulsor en la evolución de la ciudad, ostentando la familia el título de Duque del Infantado, que supuso que la corte señorial de los duques actuara de motor económico de la vida urbana. Por entonces fueron varios los palacios y construcciones señoriales de los que todavía quedan significados ejemplos dignos de ser visitados, destacando el  emblemático palacio de los Duques del Infantado, que fue mandado construir por el Marqués de Santillana en el siglo XV, cuya fotografía sirve de fondo en la página principal de mi blog.

En la arquitectura religiosa, destaca especialmente la concatedral que ya cité anteriormente, y otras distinguidas iglesias que son verdaderos monumentos de construcciones realizadas entre los siglos XIV al XVII. Sin olvidar visitar otro monumento muy representativo de  Guadalajara, el panteón de la Duquesa de Sevillano y otros edificios aledaños para dar asilo a toda persona indigente, construidos a finales del siglo XIX por orden de la rica e ilustre dama, muy querida en la ciudad por su desbordante caridad hacia los más necesitados. Cuenta la tradición que mandó derribar varias veces lo que estaba hecho, con el fin de que no les faltara trabajo a los encargados de construir este gran mausoleo, de sorprendente belleza, con una cúpula impresionante, dejando también sorprendido al visitante al contemplar la maravilla realizada en su interior.

Panteón de la Duquesa de Sevillano

Hasta nuestros días muchos fueron los avatares que forjaron la historia de mi querida Guadalajara, que sería largo de enumerar, pues estas líneas son como un vuelo rápido sobre ella, que solo pretende rendir sencillo homenaje a la tierra donde nací, exponiendo someramente lo que pudiera ocupar varios libros, pero con el ánimo de transmitir sincero mensaje e invitar a cuantas personas sientan  deseos de conocer una ciudad llena de encanto y sosiego, de gentes sencillas, nobles y leales que le harán sentirse como en su propia tierra.

Asimismo quiero recordar con todo cariño a paisanos inolvidables y personajes que engrandecieron la historia de la ciudad y su provincia, distinguiéndose el dramaturgo Buero Vallejo, y el premio Nobel Camilo José Cela, que inmortalizó, especialmente  nuestra Alcarria, comarca que produce la famosa y riquísima miel, con su conocida novela Viaje a la Alcarria, y que residió parte de su vida en Guadalajara; entre otros literatos lingüistas e historiadores, poetas y filósofos, médicos y pintores, militares y destacados políticos, que dejaron imborrables huellas.

También deseo dedicar un especial recuerdo a Francisco Layna Serrano, cronista e historiador provincial, gran defensor de las esencias y de la cultura de Guadalajara. Su profesión era doctor en medicina, pero como anécdota en su haber, una de tantas, el hecho de dedicar su vida, a partir de los cuarenta años, a los estudios e investigación en torno a Guadalajara y su provincia, fue motivado por la irritación o enfado que le produjo ver como un multimillonario norteamericano se llevaba entero un monasterio cisterciense de la provincia a su rancho californiano, por lo que Layna investigó con protesta incluida.

Guadalajara está hermanada, entre otras, con la urbe mejicana del mismo nombre, como hermana chica en población y extensión, pero no en historia, que ya fue un guadalajareño, Nuño Beltrán de Guzmán, quien fundó aquella ciudad americana.

Mi ciudad ha tenido una lenta evolución demográfica y económica, pero cambió favorablemente a partir de la década de 1970 con la expansión de su área metropolitana, transformándose en una ciudad cosmopolita y de las más industrializadas del País, con tres polígonos industriales y otro en un futuro próximo, que se dedicará a la logística y a la alta tecnología. Actualmente es la ciudad más poblada de la región, después de Albacete y Talavera de la Reina. A todo ello ha contribuido la construcción de la autovía A-2 y la autopista de peaje R-2 y  las dos estaciones de ferrocarril, cercanías y AVE.

Por último, qué decir de su variada gastronomía, que invita a descubrir los encantos que ofrece Guadalajara a todo aquél que desee comprobar la riqueza de los productos típicos variados y suculentos. Destacando el cordero y cabrito asado, por su sabor y textura, plato emblemático de la tierra y uno de los manjares de la cocina tradicional alcarreña, donde existen grandes expertos en su preparación. Y todo tipo de excelentes carnes a la brasa. Sin olvidar las truchas, elaboradas en variadas formas y aderezos. Y las famosas migas especialmente en época de la matanza del cerdo, así como la excelente y variada cocina casera que sería prolijo de describir, y que seguro estoy, dejarán al comensal un regusto especial para repetir en posteriores viajes y descubrir también su extensa y bonita provincia. 

Como no podía ser menos, para rematar la exposición que se digne un buen mantel, hay que degustar los exquisitos bizcochos borrachos, dulce de elaboración por excelencia en la capital, otro tesoro junto al dulce néctar de la miel denominación de la Alcarria.

Guadalajara, no por ser menos conocida, como ya escribiera Cela, se caracteriza por ser uno de esos lugares que nunca dejan de sorprender al visitante, y más si extendemos la visita a la provincia para descubrir su campiña, sus bellos paisajes serranos, sus inmensos bosques de pinos y hayas,  y los encantos de los  pueblos y sus tradiciones, lo que  merecerá otra carta de presentación para posterior ocasión.

Eugenio

09 marzo 2010

Un visionario para un pueblo

¿Cómo se explica que estando gobernado el mundo por una Providencia, los hombres buenos estén sometidos a tantos males?

¿Será que el destino prueba a los hombres con fatigas, dolores e infortunios para hacerlos verdaderamente fuertes, que a quienes sufren continuas contrariedades los obstáculos les curten, y no se rinden a la desdicha luchando contra las calamidades?

Así le sucedía al viejo e histórico Pueblo, de curtidas y sufridas gentes, que tras repetidos quebrantos en su larga historia, se había mantenido inmutable y erguido en medio de los vaivenes de sus gobernantes.

Hace ya tiempo que sus ciudadanos estaban alborozados al ver como un joven varón de buen porte, de aspecto mesiánico, ingenioso y con sonrisa batiente les cautivara. Quedaron embelesados, por las promesas de guiarles por horizontes de grandeza, encendiendo pasiones y exaltando sus almas, derrochando promesas  y ofreciendo ancho camino hacia la libertad, y de librarles de las miserias de la humanidad  y del ocaso en que les habían sumido anteriores próceres.

Veían en aquel hombre, del que ignoraban su historia, la solución de todos sus problemas.  Aceptaban su buen talante, que estimulaba sus ilusiones y placentero futuro para convertirlos en dechados de felicidad con  poco esfuerzo y muchas dádivas.

Rendidos quedaron ante las dulces  promesas que recibían de tan encantador y misterioso personaje.

Veía el viejo Pueblo al recién llegado como un iluminado, que anunciaba luchar en todo el orbe de la tierra por una causa justa, con gran denuedo a fin de unir a todas las civilizaciones hasta conseguir un nuevo orden mundial.

Comentaban que se trataba de un alma noble invocando para que todos los mortales vivieran siempre felices sin pasar una pena en el alma. Casi todos pensaban que se trataba de un varón magnánimo, pero la suspicacia que engendra la condición humana  empezó a cuestionar cómo lo podría conseguir, si ni  la fortuna ni su talento le brindaban  la ocasión de mostrar su virtud, viendo que no cambiarían sus problemas por mucho platicar y poco laborar.

El ingenuo pueblo, que anhelaba superar sus desdichas  y anclar su destino en playas de paz y felicidad, fue seducido por uno de los seductores de voluntades que pululan por los confines de la tierra en la búsqueda de su particular gloria.

Pronto acudieron a su alrededor osados trepadores y advenedizos oportunistas, mezquinos y egoístas a conseguir privilegios con afán desmedido de riquezas y poder, que colaboraron en enmascarar la realidad de un declive que pretendían ocultar, creando un clima de desconfianza, sembrando vientos y cosechando huracanes, que más tarde sufrirían un inesperado naufragio en el mar del descontento en general.

Poco después  se lamentaban los ciudadanos de su error y su ceguera al sufrir nuevas ignominias y conocer su estado de pobreza, mayor de la que antes padecieran,  viviendo con tristeza la inestabilidad de su futuro y observando a la cohorte de satélites, de los que se rodeó el personaje, campando a su libre voluntad, como si de un cortijo privado se tratara.

Perplejos y atribulados no entendían que sus vidas estuvieran en manos de gentes tan poco fiables,  y estaban afligidos por el devenir de los acontecimientos, observando que manipulaban a su antojo el pasado de su Pueblo con ánimo de dividirles  en lugar de  unirles.

Una vez más en el camino de su historia,  como si una ley infalible y eterna se cebara en su triste destino, se seguirá escribiendo lo mucho que aún ha de padecer el glorioso pero sufrido Pueblo, y que solo la Providencia conseguirá espantar de sus campos a los iluminados que siempre han atormentado a sus ciudadanos.

¿Por qué te quejas Pueblo, tan sagaz para algunas cosas pero ciego para elegir los timoneles de tu destino, que con tanta facilidad te rindes ante  indoctos y soñadores que te venden fantasías?

¡Pueblo ingenuo, que te modelan temperamentos indolentes y amodorrados, a falta de varones siempre vigilantes para conseguir un pueblo más recio y creíble!

Antes se te acabarán las lágrimas que las razones para lamentarlas, considerando las muchas penalidades que se ciernen sobre las espaldas de tus ciudadanos. Pero no pierdas la esperanza, ni derrames lágrimas inútiles, pues  un Pueblo, que  ha escrito gloriosos episodios en su extensa historia, no debe ser merecedor de semejantes sufrimientos `por los desvaríos  de un visionario.

 Aparta consuelos vanos y la amargura de tu espíritu, que has de seguir luchando y soñando por un futuro mejor, en el que se imponga la racionalidad y el sentido común de reglas y principios, éticos y morales.


Madrid, Marzo 2010

16 enero 2010

El genio y su tragedia

A mi amigo Sarbelio,
buen amante de la ópera.


Fue uno de los grandes talentos que ha tenido la Humanidad, a nivel de Aristóteles, Velázquez, Rafael y Miguel Ángel o Shakespeare, Newton y Cervantes. Representaba en su época el triunfo del genio sobre la precocidad. Realizó creaciones hasta convertirlas en obras de una belleza arrebatadora, ganando por derecho propio un puesto destacado en el selecto panteón de los grandes personajes de la Historia. Tuvo una vida extraordinaria, plagada de encuentros memorables, de radicales giros, de logros inimitables e inconcebibles para los seres humanos de a pie.

La vida y obra del personaje en resumen, fue fascinante, sin adornos de ninguna clase. Su fama de genio nunca ha sido amenazada y ninguno de sus múltiples biógrafos ha podido negarle la grandeza y perfección de su obra. Ghete definió al genio: "como un poder productivo cuyos actos tienen consecuencias y vida eternas".

Ha sido y es considerado un prodigio de la naturaleza que legó a la humanidad una obra perfecta en general, bella y sublime.

A pesar de la suerte que le había proporcionado la Providencia, considerando los honores, gloria y fortuna recibida, la vida en ocasiones le mostraba la cara más amarga que al personaje le debía resultar incomprensible.

Padeció la muerte de cuatro de sus seis hijos. Circunstancias normales en su época pero que, como a cualquier padre, le sumieron en momentos de depresión extrema.

Vivió sus últimos años, agobiado por las dificultades económicas, sufriendo momentos de frenética búsqueda de recursos para subsistir él y su familia, a pesar de las importantes cifras que obtenía por la realización de sus incontables obras. Casi mendigando, acudía a banqueros y amigos solicitando ayuda, confesando su extrema necesidad; incluso de su protector real no tuvo el reconocimiento que su talento merecía, lamentándose "que era demasiado poco lo que recibía a cambio de lo que podía hacer". Todo ello suponiendo un duro golpe para su maltrecho amor propio

El padre del genio fue también su consejero y maestro estricto y exigente, que tuvo un peso constante e influyente en la vida de su hijo. Sintió gran admiración por la creatividad y talento de su alumno, al que había situado en la cúspide de la fama. No obstante, cuando el hijo se hizo mayor y sintió la natural necesidad de reafirmarse a sí mismo y librarse de la presión psicológica patriarcal, fue tratado con incomprensión y despego, hasta el extremo de retirarle en ocasiones su apoyo y afecto, llevado por un ánimo desmedido de controlar cualquier movimiento de su hijo, motivado, especialmente, por las preocupaciones financieras, que se convirtieron en intromisión compulsiva a medida que observaba la inevitable maduración del joven. Situaciones que martirizaron al genio hasta el final de sus días

Asimismo, no es de extrañar que a lo largo del tiempo, la ciudad que gozó de tener el mayor genio entre sus ciudadanos, ha tenido que sufrir el reproche de que su indiferencia y su insensibilidad permitieran que se hundiera en la pobreza más vergonzante, hasta el punto de ser enterrado a su muerte en una fosa común para indigentes.

También es cierto, que Wolfgang Amadeus Mozart, fallecido el 5 de Diciembre de 1791 a la edad de 35 años, no era prudente en la administración de su peculio y tenía una gran pasión por vivir rodeado de lujos, incluso cuando sus reservas de dinero pasaban por sus momentos más bajos. Como es frecuente manifestar en los tiempos actuales " vivía por encima de sus posibilidades, y gastaba más que ganaba".

Es importante destacar los elevados ingresos recibidos, que ya hubieran querido los más distinguidos habitantes de la ciudad de Viena que le había adoptado como personaje importante desde hacía una década.

Justificaba su situación, por los enormes gastos que tenía que hacer con motivo de las frecuentes estancias de su esposa en balnearios, debido a los sucesivos embarazos y diversas dolencias.

Lo cierto es que, no obstante su azarosa existencia y frecuentes tribulaciones, impuso a su música un carácter nuevo y avanzado a su tiempo, que estaría destinado a la inmortalidad. Nadie entonces podía creer, que la Providencia se hubiera llevado al otro mundo, a tan corta edad, a un hombre incomparable y de incalculable valor para la humanidad.

Todo el mundo recordaba aquel niño que a sus cinco años dio el ineludible paso de intérprete a creador de dos piezas cortas para clave, y que antes de cumplir los siete años había aprendido a tocar el violín con un dominio absoluto que le permitiría actuar en público como solista. Después trabajaría con un frenesí creativo y desbordante, componiendo a lo largo de su corta vida más de seiscientas obras, alcanzando la excelencia en todos los géneros que se proponía abordar, especialmente las sinfonías, aunque probablemente sus mayores logros fueran en la creación de operas.

Mozart finalizó su obra en este mundo con una misa de Réquiem que un desconocido mecenas le encargó, y que a muchos les ha parecido irresistible el simbolismo que encierra dicho Réquiem. Un hombre ya moribundo, que compone una misa para difuntos, invita a pensar que fue como una premonición de su cercano tránsito, dado que no llegó a terminarla. Se ha escrito, que el mismo día de la muerte del genio, éste ordenó que le llevaran las partituras a la cama, y dijo repasando a fondo una vez más la partitura, con los ojos humedecidos ¿No predije que estaba escribiendo este Eéquiem para mí?. Desde la cama dictaba, ya agotado, las últimas notas de la que fue su aventura musical más ambiciosa y, en resumen, una obra maestra.

Creo que los honores, gloria y dinero se diluyen con el paso del tiempo, pero las obras de los grandes genios permanecen para siempre.

Oscar Wilde escribió: 
"La belleza es una forma del genio; más alta, en verdad, que el genio, pues no necesita explicación. Es una de las grandes realidades del mundo, como el sol o la primavera, o el reflujo en el agua oscura de esa concha de plata que llamamos luna. No puede ser discutida; tiene su derecho divino de soberanía". 


Madrid, Enero 2010