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Algo sobre mí

Algo sobre mí

Empleado de banca jubilado, amante de la música y la literatura, la naturaleza y las humanidades. Nacido en Guadalajara y conocedor ferviente de la provincia. Actualmente con residencia en Madrid, después de un largo peregrinar por diversas ciudades en razón a mi profesión; que ahora con ilusión trato de vivir esta nueva aventura, pues siempre he creído que la providencia nos ha dado el sueño y la esperanza como compensación a los cuidados de la vida.

22 noviembre 2014

CUENTOS


                                               A mi nieto Alejandro
                              

 
Un maestro castigó jústamente a un alumno que le había faltado al respeto, y su comportamiento en general no era nada edificante. La madre del niño se presentó en la escuela con mucha altivez y poco decoro para amonestar al maestro, porque su hijo había llegado a  casa llorando tras haberle castigado.

El maestro, muy sosegado, respondió que aquel niño necesitaba un correctivo, pues numerosas veces se comportaba mal, no atendía sus indicaciones ni sus consejos, y que le había castigado discretamente para enmienda suya y ejemplo de sus compañeros.

El maestro añadió: “Señora, para que no le castigue más, tenga a su hijo en casa mimándole y riéndole, que de mayor no le verá reír, más sí llorando y gimiendo, pues el maestro que a un alumno castiga mucho le quiere y los males de su futuro mitiga, pues los profesores hacen que los niños sean valiosos”.

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En un lejano país persiguieron y cazaron a los pajarillos por comerse el grano de los campos de cultivo.

Pasado el tiempo los labradores observaron enfermedades y plagas de infinidad de insectos en sus sembrados.

Pero pronto de actitud cambiaron los labradores, pues convencidos estaban del bien que los pajarillos desempeñaban.

En otros países compraron parejas de pajarillos para criarlos y se multiplicaran, pues entendieron que pocos granos podían comerse, pero grande el bien que hacían en cazar insectos que destruían sus cosechas

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Un hombre rico y poderoso quería conocer quien en sus tierras era dichoso, por lo que en la entrada de su palacio puso un cartel sorprendente y curioso: “Esta flamante finca se regalará al que se crea el más feliz de la comarca”.

Al poco tiempo llegó un altivo ciudadano, presumiendo  ser el hombre más feliz que en la comarca hubiera.

Aquel rico y poderoso señor al instante le contestó, que estaba equivocado, pues si de verdad estuviera de felicidad rebosado, nunca desearía conseguir su palacio, añadiendo que no es más feliz quien más ostenta, sino el que tiene menos y se contenta.

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Un rey decidió un día pasar por mendigo para probar la caridad de sus vasallos, yendo de puerta en puerta pidiendo ayuda para comer y asilo para pasar la fría noche de aquel lugar.

En todas partes le dieron con la puerta en las narices, menos en la casa de un pobre ciudadano que le recibió con amor sincero, ofreciéndole compartir lo poco que tenía y acogiéndole en su humilde vivienda.

Al marcharse el rey el día siguiente, dijo al caritativo y buen vasallo: “Por tu buen comportamiento serás colmado de dones en un futuro inmediato”.

Sorprendido quedó aquel buen hombre, pensando lo poco que podía esperar de persona de tan pobre porte, pero contento quedó por la obra realizada.

Poco tiempo después el rey envió a sus soldados para que todas las casas del poblado fueran cerradas, forzando a sus habitantes a que pasaran la fría noche al raso por las calles y sin tomar alimento alguno, para probar en sus carnes los efectos del frío, la falta de comida y techumbre, y que en un futuro fueran más caritativos y se compadecieran de los más necesitados.

También ordenó el rey que llevaran a su palacio aquel buen hombre que diligentemente le había atendido, ofreciéndole un distinguido empleo de por vida en los cuidados de su reino.

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Hace años había un joven estudiante, aplicado y paciente y de sabiduría creciente, en escasas ocasiones jugaba y era distante con aquellos amigos que apreciaban mucho el ocio y se reían de él.

Sus amigos estaban curiosos por conocer su misteriosa actitud, y una noche despejaron sus dudas al observar que aquel joven estaba a la luz de una farola estudiando con un libro. Ante la curiosidad de sus amigos les dijo: “Necesito una vela cada noche para poder estudiar y por no tener dinero vengo a este lugar, y espero no me reprochéis mi triste situación, pues con la luz en esta esquina sigo mis estudios con firmeza y constancia, pues pronto tengo un examen de mucha importancia, que deseo aprobar y dar satisfacción a mis padres”.

Nadie de él se burló más, al contrario sus amigos sintieron envidia y hasta cierta admiración, pues todos reconocieron los méritos de aquel humilde estudiante, que años después tuvo talento brillante y consiguió un cargo importante.

Había demostrado que la ociosidad es fuente de vicios y el trabajo da buenos beneficios.

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Un sabio que existió en un lejano país, habiendo observado que en el mundo escaseaba la prudencia, determinó un día tomar simple silla y una mesa, fuese al mercado donde tantos vendedores de todo había y allí se puso a esperar.

Sintieron curiosidad los ciudadanos de la ciudad por ver lo que vendía, y uno más atrevido le preguntó: ¿Qué vendes, pues nada vemos que tengas sobre la mesa?

El sabio contestó: “Vendo prudencia”.

Ello causó muchas risas entre los presentes, que hasta iluso le llamaron y por loco le tuvieron.

Hasta el palacio del rey la noticia llegó y acompañado de su corte al mercado se acercó. Le preguntó al sabio: ¿Qué haces por aquí?

“Majestad, vendo prudencia”, le contestó el sabio.

El rey volvió a preguntar: ¿Sabes la que necesito yo?

El sabio respondió: “Una advertencia buena os daré Señor, y si la tenéis en cuenta nunca os arrepentiréis. Nada digáis sin cabeza, sin una meditación, nunca emprendáis una empresa sin haber calculado bien sus normales consecuencias”.

El rey mucho reflexionó el consejo que el sabio le dio, y tanto le agradó que en la puerta de su palacio mando escribir la advertencia.

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Cuentan que en una villa de La Alcarria, en la provincia de Guadalajara, vivió muchos años un maestro de escuela que por filósofo le tenían, el cual prescribía a sus alumnos, que al acostarse por la noche, reflexionaran con sosiego los hechos que habían vivido durante el día, indicándoles que es costumbre buena y gran guía para una saludable vida.

Que antes de disfrutar de un dulce sueño, hay que hacer examen de conciencia: ¿Qué es lo que he hecho hoy de malo, que pueda rectificar para tener una normal existencia, y qué es lo que de bueno he realizado para mi bienestar y feliz supervivencia, con mi familia, mis amigos y demás ciudadanos?

Así a sus alumnos enseñaba y poco a poco los perfeccionaba.

También a sus alumnos decía, que el arrepentimiento alivia y da satisfacción al pecador.

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Era un niño vivaracho, de sonrisa fácil y con sus amigos contento y dichoso, y además buen estudiante que gozaba de voluntad interesante en obtener buenas notas en sus estudios. Sus padres lo admiraban por comportarse bien y los maestros contentos con él estaban.

Gozaba de buenas actitudes humanas y la caridad no le faltaba, que sus padres  siempre le enseñaban.

El deporte le entusiasmaba y con la naturaleza disfrutaba.

Le gustaba tocar la flauta, y no por casualidad lo hacía, que con su dulce melodía hasta a  Mozart con sus notas imitaba.

Un día a la sombra de un abeto estaba en el jardín de su casa, y en el cielo observó un bonito ruiseñor que en su hombro se posó, y entre sus armoniosos trinos y fina voz al niño sorprendido se dirigió:

“Escucha querido niño lo que voy a contarte, pues quiero que pongas mucha atención”.

El niño quedo asombrado, pero quieto se quedó, pues nunca pudo pensar que un pajarillo le hablara.

El extraño pajarillo siguió con su dulce trino y acercándose a su oído dijo al niño: “Conozco tu vida desde la más tierna infancia, y sé que eres tierno y cariñoso y bondades no te faltan, y como deseo que sigas por ese buen camino, quiero darte mis consejos para que nunca decaigas y sigas siendo un niño admirable y bueno”.

-Nunca dejes de obedecer a tus padres y a tus maestros respetar.

-No olvides considerar que es importante ser persona de austera rectitud y de puntual diligencia en tus trabajos.

-Que siempre te comportes con sencillez y humildad en el proceder de tus acciones, pues así obtendrás la amistad y admiración de muchas personas.

-Asimismo ten presente en ayudar a los más necesitados, conforme tus posibilidades, pues encontrarás mucho alivio y gran serenidad en tu corazón.

-En relación a los amigos, te recuerdo que es muy grata la fiel y sincera amistad, pero he de aconsejarte que los elijas bien, especialmente entre los que sean honestos, educados y tengan buen corazón.

-Referente al dinero, toma buena nota de que siendo necesario para subsistir en la vida, no lo es tanto para conseguir la felicidad. Y que si alcanzas riquezas sea por tu propio esfuerzo, no de formas que te puedas avergonzar.

-No te alegres nunca de los males que puedan tener otros niños o personas mayores, pues ello sería de gran miseria y muy mal comportamiento.

-Te recomiendo que no seas perezoso ni ocioso, que tengas por virtud el trabajo y el deseo de superación, y así serás muy dichoso.

-Serás feliz si tienes juicio recto y estés conforme y contento con todo lo que tengas por haberlo conseguido con tu esfuerzo e ingenio, como he observado que hasta ahora vienes haciendo.

-Por último, como embajador vengo desde lo más alto del Cielo, te trasmito que no dejes de observar y admirar la grandeza de toda la Creación: El firmamento y sus estrellas, especialmente el sol que nos alumbra y la luna por las noches. Las montañas y verdes valles por donde transcurren los arroyos y los ríos; los bosques y el campo con sus cosechas, las flores y animalillos que lo pueblan, y la inmensidad de los mares y múltiples especies de sus profundidades. Y muchas más cosas, que con el tiempo podrás comprender las maravillas que se nos ofrece a la humana contemplación. Pero la mayor de todas eres tú mismo, que formas parte del magnífico universo que ha sido creado.

De repente aquel maravilloso ruiseñor, elevando sus alas al viento, con sus encantadores trinos entre las nubes desapareció camino del Cielo.

 

Eugenio

Madrid, Noviembre 2014